sábado, 21 de septiembre de 2019

Deshacer el Nudo Gordiano Catalán



Un nudo gordiano puede quitarse de dos maneras: o desatarse o cortarse con la espada -tal como explica una leyenda sobre Alejandro Magno. También puede apretarse más o dársele más vueltas.

En Catalunya, afortunadamente, la espada alejandrina es un argumento descartado, y no sólo porque el independentismo reivindique pacifismo de forma reiterada, sino porque es evidente que quien exige a sus líderes el sacrificio y entrada en prisión que comportan ciertas decisiones, mientras ellos se van de vacaciones, hacen vida normal en los super, los cines, los bares, y sin perder ni un día de trabajo en las escasas huelgas convocadas, y cuando las revoluciones son en festivos, por la tarde, y con -digamos- “montañas rusas y chuches”,.. en fin, con cuatro gatos quemando contenedores y tirando pintura, nadie ha conseguido nunca la independencia de un territorio. Y no se alegre el unionismo de esta crítica, porque esto no depende de una ideología concreta, puesto que todos estamos perfilados así: el individualismo que nació en el Renacimiento y se hizo mayor con el liberalismo, se ha asentado en las sociedades occidentales a través de los siglos, conformando nuestra personalidad de manera que -en el mejor de los casos- defenderemos siempre cualquier injusticia que consideremos, siempre y cuando personalmente no perdamos nada con ello; es decir, siempre sin sacrificio personal. Somos sociedades egoístas y ésta es la principal herencia que transmitimos de generación en generación en el Siglo XXI.

Así bien, olvidemos la épica y el pacifismo festivo que hoy no conduce a ningún sitio y retomemos ya un merecido pragmatismo tras 12 años de crisis y Procés en caída libre. ¿En caída libre? Sí. La independencia de Catalunya supondría la desintegración de las instituciones democráticas y formaciones políticas tal y como hoy las conocemos, y le imitarían otras autonomías del Estado desintegrando España, generando crisis económicas a nivel nacional e internacional. Esto podría ser hasta positivo para algunos colectivos -no haré valoraciones-, pero la suma de PSOE, PP y Ciudadanos siempre será mayoría y nunca se disolverán con una sonrisa porque en Catalunya se hagan “uves” o manifestaciones festivas. Por lo tanto, vía pacífica con “uves” y mayoría PSOE, PP y Ciudadanos en el Congreso, esto es perder el tiempo. Además, en breve se pondrán de acuerdo estos tres partidos políticos para nunca más necesitar a nadie para gobernar: ni a Podemos ni a ERC. Basta contar votantes potenciales con una calculadora de bolsillo para comprender que esto es así. Por lo tanto, con esta música, los presos catalanes malgastarán todas sus vidas en prisión porque la izquierda catalana y la española equivocaron sus caminos hace 12 años. Se ha de volver atrás para salir del pozo, deshacer el nudo gordiano vuelta a vuelta, y coger el camino correcto. No hay atajos. Aquí no se hace camino al andar, se aprieta el nudo al andar.

La estrategia del independentismo catalán fue errónea desde el principio. Resumiendo: la política se ha ido improvisando sobre la marcha y con acciones pacifistas tan oportunas como poner a un oso polar a vivir en un desierto, condenadas al fracaso. Es cierto que detrás de las mismas, también han existido oscuros intereses internos que nada tenían que ver con la independencia. Sólo dos caminos eran objetivamente viables hace 12 años para intentar la independencia: uno la violencia -y se descartó-, el otro, a través de una República Española, haciendo fuerza común con el 15M -que resurgía entonces con gran potencia y sin divisiones. Pero la mitosis política de la izquierda sobrevino súbitamente ya que el independentismo quiso sacar partido del descontento de la crisis económica que en otro escenario no tendría (del 15% al 48% en pocos años), y aunque Pablo Iglesias intentó no perder afinidad con ERC apoyando el Referéndum de Autodeterminación, ERC sólo estaba interesada en Podemos para intentar arrebatar sufragios y aumentar la masa independentista. Luego aparecieron Ada Colau y Albano Dante, y la multiplicidad de protagonismos y matices se acabaron llevando lo importante de la ideología por el sumidero.  Por último, los sucesos de septiembre en el Parlament de Catalunya también supusieron un gran desprecio hacia aquellos que apoyaban un Referéndum pactado dejándolos con el culo al aire ante toda España, en un orgasmo de la propaganda conservadora.

Creo que es hora de deshacer el nudo. El independentismo se ha metido en un pozo después de 12 años, y ya sólo puede jugar la carta de bloquear al Gobierno de España (por la izquierda), y esa carta también es perdedora, porque a partir del próximo noviembre seguramente tampoco servirá ya para nada por las bodas anunciadas entre PSOE y Ciudadanos.

Por eso creo que Podemos, de forma unilateral, ha de empezar a deshacer el nudo gordiano, vuelta a vuelta, marcha atrás. La primera acción será dejar de apoyar ahora y públicamente un Referéndum en Catalunya, -por muy legítimo que sea o que le parezca- en un escenario político enquistado y estéril, y que sólo sirve para debilitar al partido.

Este primer paso atrás permitiría quizás que el 15M vuelva a coger aire en todo el territorio español, o posibilitar una mejor negociación con Pedro Sánchez, conseguir el indulto a los presos catalanes -otro paso atrás imprescindible para la normalización de las relaciones institucionales-, recuperar el Pacto Fiscal, o incluso, a medio plazo, abrir el melón constitucional para la negociación de una III República sin propaganda del miedo en Catalunya.

Este debería ser un nuevo punto de partida para el independentismo catalán objetivamente más realista desde el pacifismo, pero ERC sabe que con una República Española y sin crisis económica, ese 48% sería poco más que una ilusión. Por eso, Podemos ha de tomar esta decisión de forma unilateral y soberana.

Cerrar el Procés y Abrir la III República. Ahora o nunca.

Luis Díaz

domingo, 27 de mayo de 2018

Traidores y Botiflers


“Botifler” es un vocablo catalán que significa “Traidor” y quizá la R.A.E. algún día lo incluya como catalanismo en la lengua española, ya que su uso y abuso lleva años en auge en toda la Península. Efectivamente, llevamos muchos años en Catalunya y en toda España escuchando agresivas acusaciones cruzadas de traición entre unionistas e independentistas. Y lo irónico es que, por mucho que señalemos con el dedo al oponente político, podemos afirmar con rubor que los traidores somos todos.

Los unionistas tenemos que reconocer que los presos catalanes en Madrid son presos políticos a pesar de haber vulnerado gravemente el ordenamiento jurídico español. La política no debería dar la oportunidad a ningún Juez para penalizar la evolución natural de los Estados. El Derecho se está manifestando como un aplastante martillo que intenta reparar a golpes un bloque de hormigón fracturado. La debacle independentista en Catalunya, apoyada por dos millones de ciudadanos, sobrevino a partir de muchos años de desencuentros entre el gobierno catalán y el gobierno de la nación, exhibiendo ambos una incapacidad, irresponsabilidad y maldad política extrema, una cerrazón autoritaria en Madrid, a la vez que una mutua enfermiza inteligencia propagandística para tapar su corrupción y políticas de recortes.

Los unionistas somos traidores al no pedir diariamente la excarcelación del antiguo Gobierno catalán, somos traidores de haber dejado pasar la oportunidad de celebrar un referéndum en Catalunya, que hace años, sin ninguna duda, hubiese sido integrador, y habría reforzado los lazos con otros pueblos de España. Somos traidores de no ser democráticos hasta la última gota de nuestra sangre, prefiriendo votar la corrupción de Estado que un sufragio universal en el norte, en nombre de banderas, himnos y tradiciones que, si representan a pueblos con grandeza política, a ninguno nos merecen.

El independentismo también ha sido traidor. Traidor a la Ley y traidor a las mayorías plebiscitaria y cualificada en Catalunya, pero la mayor traición independentista ha sido a los suyos. Los ciudadanos que salieron a las manifestaciones y decenas de grandes actos independentistas de los últimos años siguen haciendo su vida, tienen sus momentos de ocio, disfrutan de sus hijos, de sus programas y series de televisión, celebran cumpleaños, ... mientras los líderes políticos a los que exigieron coherencia están privados de libertad.

El recuerdo de aquellos días de octubre en los que aparentemente se declaró la Independencia de Catalunya, mientras los ciudadanos independentistas en la calle esperaban con el calificativo de “traidor” suspendido en el aire,… nos lleva a que cualquier independentista coherente ahora no debería disfrutar de ningún momento de ocio mientras tampoco lo tengan los presos, y dedicar todo ese tiempo a luchar por su puesta en libertad. No hacerlo también es traición.

Luis Díaz


domingo, 15 de abril de 2018

Terror Amarillo

Los animales y las personas nunca deberían estar entre rejas, 
pero es especialmente cruel enjaular a quienes saben volar, 
bien con sus alas, bien con sus ideas


Comentaba en un artículo de Setiembre de 2017 que una hipotética victoria del independentismo catalán sería la tumba política de los dos grandes partidos del bipartidismo tradicional. La independencia solamente podría llegar de la mano de un conflicto civil, el que conduciría irremediablemente a España a sumirse en una gran transformación que -para bien o para mal- iría acompañada de una fuerte crisis, donde muchas familias privilegiadas dejarían de serlo, y muchas otras de las más humildes sufrirían un importante impacto. Serían tiempos difíciles, y con pérdidas civiles.

Es consecuente que este impopular escenario ya fuese observado también 2 años antes por los primeros interesados en sobrevivir políticamente, el Gobierno, aplicando la Reforma del Código Penal de 2015 como contingencia, para poder frenar cualquier insurgencia política y civil en Catalunya. 

Esta radiación política de fondo es la que ha esterilizado a la izquierda, tanto en Catalunya como en el resto de España. Dos fuerzas de una misma ideología que empujan en sentidos opuestos, mientras el conservadurismo más rancio, a lomos del caballo del Cid Campeador, las arrasa a ambas por todos los flancos. El progresismo catalán frena el progresismo español, y el progresismo español frena el progresismo catalán. Es el Abrazo Mortal, un laberinto sin salida, y el triunfo más dulce que pudiera soñar el neoliberalismo español.

Y como lo importante no son las ideas, sino sobrevivir, aquel PSOE de Pedro Sánchez que resurgiría para cambiar España, esconde la cabeza, deja el “trabajo sucio” al PP y a Ciudadanos, y no se atreve ni a pronunciar “III República”. Ábalos explicaba a sus Juventudes recientemente que es el momento de la Responsabilidad, no de la República -y por tanto, de seguir con la cabeza escondida.

Es cierto que el independentismo practicó una violación de las Leyes españolas más importantes. Y lo hizo -injustificadamente-, pero tras muchos años de sufrir la política vacía de Rajoy, dejando que los problemas se pudriesen en el cajón. Con Rajoy, el independentismo se triplicó en Catalunya en ese periodo -cosa que también agradecían los partidos independentistas. Un referéndum hecho el primer día habría enterrado el problema catalán por muchas décadas, en vez de abonarlo con silencios, "postureos", y como herramienta para tapar los incontables casos de corrupción de su partido.

El independentismo está cada vez más enfadado -con una importante carga de legitimidad-; sus líderes deberían estar en libertad, y no por lo que han hecho, sino porque un Gobierno responsable jamás tendría que haber permitido que la política se judicializase, más aún con unas reivindicaciones respaldadas ahora por 2.000.000 de ciudadanos.

Hoy, muchos españoles están asustados por lo que pueda pasar en Catalunya, y por cómo afectaría a sus vidas, miedo que los arrima a la derecha, y donde Albert Rivera los espera con los brazos abiertos. 

El PP decidió solucionar el problema catalán por la puerta de atrás. En tiempos de la Dictadura, Franco los habría metido a todos en la cárcel, y habría acusado a cualquier revuelta de terrorismo. Rajoy ha hecho algo equivalente enviando el caso a Justicia, con una Reforma previa del Código Penal en 2015, incluyendo todo aquello que le “faltaba” para dar rango de terrorismo a los altercados. Después entregó la manzana envenenada al Poder Judicial. Resultado: todos en la cárcel, y cualquier revuelta acusada de terrorismo. 

Los caminos del Dictador son infinitos.

Luis Díaz

martes, 27 de febrero de 2018

Monos Presos Políticos Reyes Dioses Guerras

Fuente: https://www.instagram.com/p/BfnhMGshlFF/
Sin comas, con intencionalidad sociológica, antropológica e histórica. Con brevedad.

Todo hecho histórico, como el conflicto catalán, se comprende en su justa medida cuando los ojos que lo contemplan lo hacen desde una distancia suficiente para que los detalles no enturbien la visión de su espina dorsal. Viajaremos lejos.

Somos el mono obeso, el mono desnudo, el mono ladrón, el mono que para marcar su territorio cambió los gritos y la orina por himnos y banderas, el mono que encarcela y hace sufrir a especies hermanas y a todas las demás, también a la suya; el mono carnívoro que desgarra en la mesa los cadáveres de otras especies mientras ríe, se enoja, lamenta, y se exhibe sobre política, justicia, reyes y dioses. Su Justicia no es aplicable a las vidas que consume. El mono cínico.

No mirar a las estrellas desde abajo, observar la humanidad desde más allá, desde miles de millones de años luz de distancia, viajar mentalmente, ser los dioses, para entender la levedad de la existencia, y desde el silencio del cosmos, un agnóstico viaje mental de vértigo, soledad, asombro y agotamiento de nuestra capacidad de imaginar hacia el final del Universo conocido para, de repente, girar la cabeza, mirar hacia nuestro tan ignoto como despreciable Planeta, y con los ojos del recuerdo intentar percibir el hedor soberano de la orina de unos y de otros.

Justicia ciega ante el dolor y la profunda desigualdad, y de perfección áurea en su micción nacional en un contexto de debilidades democráticas usadas imprudentemente por todos como punto de apoyo de la palanca social.

La guerra invisible que nadie vio pareció terminar. Se escuchan saqueos y lamentos. Huidos. Hay políticos presos y presos políticos, según mire la ciega y áurea Justicia o la perspectiva sea la de humanidad y convivencia. Solamente queda anestesiar a la red para mantener a los Reyes en la baraja.

Luis Díaz

domingo, 28 de enero de 2018

Democracia Cualificada contra el Parasitismo Político

¿Es la democracia solamente el derecho de todos los ciudadanos a votar, o debería también incluir alguna obligación intelectual? ¿Deberíamos votar cualquier aspecto de la vida política o solamente escoger a nuestros representantes? ¿Cualquier persona ha de poder gobernar, o debería asimismo existir una cualificación adecuada para hacerlo? ¿Se debería exigir la misma formación para gobernar un pequeño pueblo que para gobernar un país? ¿Y para gobernar un país que para gobernar un pequeño pueblo? Reflexión.

¿Debería Ana Obregón, bióloga, gobernar España? ¿Y Belén Esteban, tertuliana? ¿Y Wyoming, médico? ¿Y Terstsch, periodista? ¿Y Rajoy, Zapatero, González, Rivera o Aznar, licenciados en Derecho? ¿Pablo Iglesias, politólogo? ¿Rapel, adivino?… ¿Qué es lo mejor para el interés general del país? Quizá lo teóricamente más adecuado para presidir, gobernar y construir seres humanos sean indiscutiblemente las olvidadas carreras de Humanidades -tan temidas por el neoliberalismo-; por otro lado, para pelearse con los caprichos de la desigual red económica tejida alrededor del mundo, las carreras de Económicas parecen más consecuentes para algunos ministerios. Para entender las relaciones inter e intra pueblos, las Políticas -también humanísticas-, y para diseñar entornos de convivencia y seguridad en las sociedades, las de Derecho, … y podríamos continuar con las Tecnológicas para modelar países punteros y progresistas en investigación, y …veríamos que cada disciplina tiene su lugar y su importante por qué en nuestras vidas.

Algunos ya se habrán echado las manos en la cabeza -sobre todo los que tienen alergia a los libros, aunque yo defienda que toda esta potencial formación debiera ser totalmente gratuita para garantizar su acceso a cualquier ciudadano- cuando estoy insinuando que no cualquier persona sin la formación adecuada debería poder optar para cualquier puesto político público, sea la presidencia, los ministerios, las secretarías, las subsecretarías, los puestos de confianza, …; sea la administración central o la local del Estado o la autonómica; sea el poder ejecutivo, el legislativo o el judicial. Cada silla pública tiene unas características muy concretas -y también dependiendo de su ámbito territorial-, y no la formación de cualquier ciudadano o en cualquier cosa se ajusta a cualquier silla en cualquier sitio. Muchos me dirán con algo de acierto que la experiencia es un grado y que hay alcaldes que cuando son promocionados a muy altos cargos -por poner algún ejemplo-, sin estudios específicos lo pueden hacer mejor que muchas otras personas con estudios concretos, pero sin experiencia.  Lo que es incuestionable es que esos alcaldes promocionados, con experiencia y sin estudios, con una formación adecuada, serían parte de la excelencia que necesita este país; y nunca deberíamos conformarnos con autodidactas, sin exigirles también el mayor esfuerzo formativo reglado que no solamente enseña con exactitud los contenidos disciplinares, sino que también hace que la presunción de capacidad se convierta en garantía, y que el valor del esfuerzo y la responsabilidad que exige lo público y la complejidad del país sea un requisito sine quanum para ejercer, habitualmente inalcanzable para la mayor parte del parasitismo y amiguismo político que cohabita importantes puestos de responsabilidad con marcada mediocridad.

Y quienes aún siguen opinando que lo anterior pudiera ser un pensamiento antidemocrático y excesivamente tecnócrata, probablemente son los que nunca han llamado al panadero para arreglar un problema eléctrico en casa, ni los que tampoco han permitido que el electricista les imparta clases de idiomas -y menos de un idioma que no es de su interés-, ni que el filólogo haga obras en el baño, y aunque el albañil también amasa, nunca le comprarían a él el pan. Y tampoco llamarían a un ingeniero informático para dirigir el Museo de Historia, ni a un historiador para realizar auditorías informáticas. Y todo parece tan obvio y simple, que ni siquiera pudiera calificarse de gran idea. Y, sin embargo, esta evidencia no representa la normalidad de la democracia occidental, la que padece una gastroenteritis política crónica donde si coincide la cualificación personal de cada representante con sus responsabilidades públicas, es pura coincidencia. Luego se rodean de mil y un cargos de confianza especialistas -en el mejor de los casos, aunque es muy habitual que solamente sean primos y hermanos-, que nadie ha votado, y que al final son los que o bien toman las decisiones reales, o bien las toma el elegido, quién menos idea tiene de todo. Y en caso de crisis o corruptelas, alegan ignorancia de lo que estaban haciendo, explicaciones que el pueblo acepta aplicando la lógica más ridícula a la sombra del Templo de la Democracia, sostenido por columnas tan débiles como virtuales.

¿Formación para representar? ¿Y formación para votar? En el recuerdo, ¿cuántos ciudadanos en estos 40 años de democracia española no han votado alguna vez a un candidato por su aspecto físico y no por su capacidad política o intelectual? ¿Es del interés general y social elegir al candidato más bello y quizá menos capaz? Y Espejito, espejito ¿Queremos como cargos de confianza de nuestra política a la flor y nata de la peluquería, del marketing y de la estética, o necesitamos un ejército de mujeres y hombres con la mejor formación académica para cada uno de los campos de batalla política?

Y aunque me volverán a acusar de nuevo de tecnócrata -con razón- y que debería respetar que cada uno votase lo que quisiese y como desease hacerlo, en función de sus intereses, añadiré que respetaría y aplaudiría cualquier voto, si en las condiciones descritas sucediese. Pero ¿se ejerce el voto sin que manipulen nuestra voluntad y confundan nuestros intereses? ¿Cuál es el contexto del voto? ¿Votar corrupción mayoritariamente es del interés general? ¿Familias sin recursos votando neoliberalismo es de su propio interés? ¿Votar perroflauta es votar físico o votar progreso? ¿Votar pensando en “ellos” contra “nosotros” es democracia o fútbol? ¿Votar sin información imparcial y criterio responde al espíritu democrático? ¿Sabemos lo que votamos y sus consecuencias a medio y largo plazo?  

No, el pueblo no es tonto, pero nuestra sociedad padece de una arrogancia crónica. ¿Cuántas veces oímos en las redes aquello de “os manipulan” y qué pocas aquello de “nos manipulan”? El sufragio se produce siempre tras las campañas electorales, cargadas de trampas, mentiras y engaños de todos los candidatos, aplicando técnicas de marketing insultantes sobre absolutamente todos nosotros. Los recursos intelectuales son vitales para salir con la mínima manipulación posible de esa catarata de discursos agresivos, que sólo persiguen nuestro voto, y nunca nuestro interés. Es muy cándido pensar que toda la inversión política publicitaria, incluso vulnerando la Ley cuando les hace falta, no sirve para cambiar o modificar nuestro voto o forma de pensar, el de todos, de forma absoluta. En el momento en que perdemos de vista este punto, ya estamos en la olla siendo cocinados.

El ganador de las elecciones es siempre el marketing, el dinero, y la manipulación mediática, es decir, el neoliberalismo que convivió con el socialismo tras la Segunda Guerra Mundial, y que finalmente venció al socialismo tras la Guerra Fría. En nuestro país, el neoliberalismo ha sido PP, PSOE, CiU, PNV y Ciudadanos, y aunque parecía que el PSOE de Pedro Sánchez iba a quitarse esa espina con una revolución interna, el declive y suicidio de Podemos con el Procés catalán, ha empujado al barco del PSOE a enfilar nuevamente su proa hacia la injusta y desigual economía neoliberal.

Si bien las democracias occidentales son tristes por todo lo anterior, la crisálida de nuestra democracia fue la España negra de Franco, y nació entre la desconfianza de quienes apoyaban a los golpistas -por miedo a perder su poder político y económico- y la pobreza económica e intelectual del pueblo que perdió la Guerra Civil, tras 40 años de opresión y censura cultural, y que tuvo que renunciar hasta a sus muertos para empezar a andar.

Nuestra democracia empezará a funcionar el día en que votemos -sea lo que sea- con pleno conocimiento de causa y responsabilidad, con protección de nuestros derechos por las leyes ante la agresión publicitaria y de mentiras de las campañas; y cuando el éxito de nuestros representantes públicos no dependa ya de su formación -porque siempre la tengan- o de su grado de parasitismo, sino de su mayor o menor acierto político.

Escoger al mejor caballo no garantiza la victoria en el hipódromo, pero la posibilita. Lo que no es democracia es que votemos todos, y que siempre nuestro caballo de carreras sea el de plástico.

Algo falla.

Luis Díaz

domingo, 7 de enero de 2018

Un Anillo para Gobernarlos a Todos




La democracia española surgió de forma parecida a la trama de Tolkien en El Señor de los Anillos: tras la muerte del Dictador, en la Transición se forjaron los anillos de poder: para los Reyes de España, para el socialismo, para el comunismo, para la Generalitat de Catalunya, …, y otro anillo para la Dictadura saliente. Los anillos tenían el objetivo de preservar la convivencia y la seguridad jurídica en España, pero todos los anillos fueron corrompidos por el anillo de la Dictadura: las sombras del franquismo que nunca habrían de pagar sus crímenes, y siempre conservar sus privilegios, obligarían al pueblo a mirarse cada día en el espejo del sometimiento y de la vergüenza ante los muertos olvidados y el expolio en poder de los descendientes de los carniceros del Golpe de Estado.
 
Toda democracia necesita una muy estricta separación entre poderes, deseadamente incluso descortés. Se comprenderá que las amistades personales e íntimas entre poderes, compadreos conocidos, y una doctrina de separación de poderes dictada por el Anillo Único sólo puede funcionar con muy muy muy buena voluntad de las personas, característica que no sobra en la sociedad española, y mucho menos en los círculos de poder. 

¿Qué se puede hacer? Pues lo mismo que escribió Tolkien en El Señor de los Anillos: propiciar que llegue "otro tiempo", el del pueblo, que dejen de gobernar Reyes y “personajes oscuros”; hay que reformar la Constitución, construir una República, y que el Anillo Único sea destruido en el Mordor del Congreso. Necesitamos en la oposición un Frodo, un Sam, y a toda la Compañía del Anillo, un buen equipo, unido, dispuesto a sacrificios, y con un propósito común.
 
¿Y qué tenemos? Una Compañía del Anillo que se insulta a diario y prácticamente no se habla. Por un lado, los elfos del Procés quieren destruir el Anillo Único ellos solitos mediante insultos y propaganda; por otro lado, los hobbits del 15M no saben qué hacer, porque si triunfan los elfos, ellos se quedan solos, y si no triunfan los elfos, se enfadarán y nunca podrán montar una Compañía del Anillo; y por último están los hombres del PSC/PSOE, que experimentan síndrome de Estocolmo con el Anillo Único, al que odian tanto como aman. 

Ni Catalunya será República antes de que lo sea España, ni España será nunca República sin la colaboración desinteresada de todas las fuerzas de izquierda de este país. Sin la Compañía del Anillo, Sauron siempre gobernará la Tierra Media. No olvidemos que tiene el Anillo Único.

Luis Díaz

domingo, 24 de diciembre de 2017

Y ahora, ... el Procés, la Película



Desde el constitucionalismo, los que siempre hemos defendido el “Derecho a Decidir”, nos encontramos con que el independentismo declara un Referéndum unilateral, y una DUI, transformando este “Derecho a Decidir” en el abuso de un ejecutivo catalán representando a una minoría de la población (próxima al 50%), sobre una mayoría de catalanes, a los que a menudo se tilda con ligereza de fascistas y colonos en cuanto expresan su opinión.

Si bien esta “auto-legitimación” del independentismo -con tintes dictatoriales- ocurrida en Setiembre en el Parlament es sumamente grave en un Estado de Derecho, no es menos peligroso agitar las calles para la consecución de unos objetivos en minoría. La población ya tiene -por fin- conciencia política, pero aún le hace falta formación en Humanidades -mayoritariamente.

Esta carencia explica que gran número de independentistas confundan constitucionalismo con fascismo, víctimas del fascismo con carceleros, revolución con sonrisa, catalanismo con territorio, acuerdo con unilateralidad, plebiscito con elecciones autonómicas, ley con excusas para no cumplirla, y un sinfín de exageraciones políticas interesadas e inoculadas desde la cúpula independentista hacia la calle para conducir una reacción de masas, que utilizando los argumentarios más prefabricados y la arrogancia más extrema y excluyente justifican todas sus acciones en la existencia de un Gobierno en España cuya legitimidad ética y moral para gobernar es altamente discutible. Pero el Gobierno de Rajoy no es España, es lo que España -y también Catalunya- deberían esforzarse en cambiar.

Porque de seguir con el “Procés” en sus actuales términos, no habrá nunca Referéndum y/o República Catalana sin antes una República Española, y no habrá República Española sin antes un Referéndum y/o República Catalana. Este “deadlock” de la política catalana da la victoria de forma reiterada y por largo tiempo al Gobierno de Rajoy, quién sabe si a Ciudadanos.

Y es que no se puede ser más ingenuo y más infantil, al declarar una DUI ante un Gobierno cuyos orígenes franquistas no le harán temblar el pulso contra una rebelión promovida con menos del 50% de apoyos, aspecto que otorga al PP plena legitimidad ante el mundo para reprimir estas acciones como crea conveniente. ¿Cómo Europa va a criticar a ese Gobierno legítimo que está defendiendo su Constitución ante el otro Govern que la vulnera? -al menos en este contexto; una Europa neoliberal cuya moneda tiembla cada vez que hay unas elecciones corrientes en cualquier país miembro. Tanta luz no ha dejado ver sus sombras al independentismo, y los errores que ha cometido ante la falta de autocrítica son ya muy importantes.

Y lamentando que los líderes independentistas hayan terminado en prisión, y deseando su pronta excarcelación, tras los resultados del 21D, me da la impresión de que eso tardará aún en llegar, e incluso, que otros miembros del Govern serán encarcelados. Todo parece apuntar a que se pretende dejar al nuevo Govern en minoría parlamentaria (y repito que las malas decisiones del propio “Procés” han facilitado que eso sea legalmente posible), de tal manera que ni siquiera el apoyo de la CUP y los Comunes sumen la mayoría necesaria para la toma de decisiones. Ello nos puede llevar a cuestionar la independencia o no del poder judicial, pero siendo realistas, en este contexto el debate no procede, puesto que con o sin Rajoy, la judicatura tiene pocas opciones, y entre ellas, la de actuar rápidamente y de urgencia, puesto que lo que hay encima de la mesa no es un juego de niños, no es una violación de la ley con consecuencias bien delimitadas; sino una violación de la ley que conlleva un cataclismo de las estructuras de Estado españolas -incluida la judicial-, cuya quiebra conduciría a una violenta crisis político-social y económica sin precedentes, donde no tengamos ninguna duda de que el Ejército tendría un papel relevante.

Por eso, aunque hasta la fecha el Procés no ha sido violento, es una cuestión de etapas. Si continúa por sus actuales cauces, llegará el momento en que lo será tanto como ya lo fue cualquier otra independencia unilateral de la Historia de la Humanidad. Es una obviedad que me temo que tienen en cuenta en el Supremo para mantener la acusación de rebelión a los líderes independentistas: toda revolución de este calibre, con éxito o sin éxito, se ejecuta o se acabará ejecutando sobre un patrón violento.

En esta línea, me llamaron mucho la atención las declaraciones del Profesor Agustí Alcoberro, actualmente al frente de la ANC (por privación de libertad de Jordi Sánchez) quien hace pocos días declaró, comentando los resultados del 21D, que Catalunya era una República. Un profesor de Historia debería ser siempre docente y reconocer que no se puede afirmar que Catalunya sea una República con menos de un 55% de apoyos (sabe perfectamente diferenciar entre una mayoría plebiscitaria y autonómica). También debería explicar que la Revolución de las Sonrisas ya se ajusta a una revolución burguesa de libro, donde los privilegiados encabezan la revolución. Y si las personas deciden ir libremente a la revolución, que vayan; pero el profesor debería explicarles con toda crudeza el precio en sangre que la Historia se ha cobrado en el 100% de casos por cualquier independencia no acordada, y que el caso actual, no será diferente, porque en el fondo los seres humanos seguimos teniendo los mismos comportamientos.

La película del “Procés” que ahora empieza es la del conflicto. Si no se deja gobernar al legítimo ganador de las Autonómicas, si se detiene a su Presidente, si la Justicia no excarcela a los presos del “Procés” (muy improbable por separación de poderes), si España encarcela a más personajes públicos, si entre ellos están los miembros de la CUP, … las calles se pueden volver a calentar en Febrero. 

Nada va a ir mejor en Catalunya, lo peor está por llegar; el “pollo” que anunciaba Puigdemont está servido para España, pero se desencadena en Catalunya, y solamente deseo que no lleguemos a ver nunca la perversión que se esconde tras la enfermiza sonrisa de esta revolución de burgueses -donde las clases populares están convencidas de ser protagonistas de un cambio histórico-, porque eso querrá decir que habremos llegado al peor de los escenarios.

El cambio quizá se produzca algún día; pero no se engañen, no bastará con ponerse camisetas, hacer uves, vías catalanas y lucir banderas. El precio será mucho mayor. Pregunten a Alcoberro.

Luis Díaz